domingo, 3 de enero de 2010

EL VALOR DEL TRIUNFO DEPORTIVO

A través del tiempo, las emociones que han reflejado los ideales olímpicos se mantienen inalterables, pese a los avatares y riesgos que han acechado a los Juegos. Por ejemplo, la fe de la atleta estadounidense Wilma Rudolph, ganadora de los 100 m planos en Roma, quien sufriera poliomielitis cuando niña, sigue inspirando a muchos niños en el mundo que padecen la enfermedad. La nobleza del alemán Luz Long, quien proporcionó a Jesse Owens sobre la pista de Berlín 1936, los consejos que permitieron al americano ganar el oro en el salto largo, lo que provocó la ira de Hitler, se mantiene como ejemplo excelso de fraternidad.

Momentos preciados, invaluables, como cuando una niña de 17 años llamada Olga nos enseñó que nuestras diferencias no son tan grandes como parecen; o cuando un padre accedió a la pista para ayudar a su hijo lastimado para terminar juntos la carrera y conmover al planeta. Son imágenes que mantienen vivo el mensaje de paz y humanismo que distingue a los Juegos Olímpicos.

No obstante, cifrar el valor del Olimpismo sólo en las preseas que se logran en sus Juegos, sería como reducir lo mejor del espíritu humano al éxito monetario. El espíritu está más allá, como sabría todo hombre rico que muriera con el dinero como único valor en su vida.

El espíritu, y en particular el Espíritu Olímpico, tiene que ver con lo más profundo del ser humano. La entrega desinteresada a una causa noble, la fraternidad y el respeto del hombre con el hombre, el esfuerzo incansable para la propia superación, la confrontación leal como camino para su logro, o la inspiración para los demás.

Los preceptos que definió Pierre de Coubertin para el Movimiento Olímpico continúan vigentes, y actuales: "Adherirse al ideal de una vida más elevada, para buscar su perfección; representar a una elite cuyo origen fuera totalmente igualitario, y de la que se hubiera destacado mediante cualidades morales; crear una tregua de paz en el mundo cada cuatro años, como si fuera una primavera del hombre; y glorificar la belleza, por involucrar lo mejor de la filosofía y las artes humanas en los Juegos Olímpicos".

Un interesante e ineludible preámbulo para catalogar lo que han sido los verdaderos triunfos deportivos en el ámbito nacional, y especialmente en nuestra provincia, donde se han dado, pese a las limitaciones existentes, triunfos y logros en varias disciplinas y por varios deportistas, sean lojanos o no, pero que han trabajado bajo el amparo del organismo deportivo provincial.

Desde la más sencilla carrera o competencia, individual o colectiva, hasta los torneos de alto nivel nacional e internacional, creemos que ellas y ellos (niños y jóvenes), pusieron su pasión y entrega para hacer lo que llena parte de su vida, competir deportivamente.

Completa sería la satisfacción de los deportistas lojanos, cuando, quienes por circunstancias diversas están en el control de la actividad, se propusieran a precisar su verdadero rol que les ha tocado asumir. Hablo de dirigentes, técnicos, funcionarios, aficionados, padres de familia, prensa y especialmente autoridades, ante quienes se presenta la propuesta de que el año 2010 sea el año de valorar los triunfos deportivos.
(Colaboración de Manuel Fernando Vire R.)

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